EN LAS NUBES

El arquitecto de Dios (Dos y fin)

Carlos Ravelo Galindo

El arquitecto de Dios  (Dos y fin)

Entretenimiento

Septiembre 01, 2018 09:23 hrs.
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Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

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Nos explica don Fernando Calderón Ramírez de Aguilar, a una pregunta del maestro José Antonio Aspiros Villagómez, que una vez escogido el boceto final, Gian Lorenzo se dedicó a darle vida en el estuco a la colosal figura de San Longino de tres cuerpos humanos de alto.
Durante su creación no respetaba horarios de comida ni de sueño. Algunos días al despertar vestido con su ropa y delantal de trabajo, recordaba otros pendientes y se dirigía con premura a la fundición del vaticano para supervisar del modelo para colar en bronce la estatua de Urbano VIII que había elaborado para la parte superior de la tumba del pontífice.
Otros días acudía a la basílica de San Pedro para vigilar el avance del remate del Baldaquino sobre el altar de los apóstoles y con menos frecuencia acudía también al Palacio Barberini, obra que había heredado a la muerte de Maderno y a la cual había comisionado al Borromini con quien sostenía una feroz rivalidad de tiempo atrás al igual que con Da Cortona.
A pesar de todo aseguró el proyecto más importante de la Roma de su tiempo: la Basílica de San Pedro del Vaticano. El diseño de la plaza de San Pedro que abre ante la basílica y es uno de los proyectos arquitectónicos más innovadores y alabados.
Durante su gloriosa y productiva vida el Gran Gian Lorenzo Bernini gozó de la protección de siete papas para los que realizo numerosas y hermosas obras, pero sin embargo solo tres de ellos fueron los que mayores obras le encargaron.
En 1644 comienza el papado de Inocencio X, mucho más austero por la crisis económica de los Estados Pontificios, tras el tratado de Westfalia.
Ese mismo año, nos corrige don Fernando, sufriría la demolición del campanario de la fachada de la basílica de San Pedro por problemas de estabilidad. Sus detractores lo acusaron de incompetencia técnica, mientras el papa le daba su apoyo.
En esa época tienen mayor fama Francesco Borromini y Carlo Rainaldi
Alejandro VII en 1655 un papa humanístico como Maffeo Barberini 30 años antes, se rodea de arquitectos para la ejecución de ambiciosos proyectos humanísticos como la reordenación de la Piazza del Popolo.
En San Pedro, situada en el fondo de ábside es decir la parte posterior del altar mayor de una iglesia, ahí se encontraba un relicario que contiene la cátedra paleocristiana.
Sostenida por estatuas de los padres de la iglesia, Agustín de Hipona, Hipólito, Gregorio taumaturgo es decir el que tiene poder de hacer milagros, Julio el Africano, Dionisio el Grande, Atanasio, Teodoreto de Siria, Juan Crisóstomo, Gregorio de Niza y Jerónimo.
Al exterior construye una columna elíptica, espacio dedicado a ceremonias religiosas públicas, que representa el abrazo de la iglesia a todo el pueblo.
Las obras de San Pedro culminaron con la Scala Regia, la entrada oficial al palacio apostólico, utiliza una columnata fugada que, flanquea la escalinata, corrige la irregularidad del muro y crea la ilusión visual de una escalera de mayores dimensiones.
Para la familia Chigi construye dos iglesias: la colegiata de Ariccia y la de Castel Gandolfo. Camilo Pamphilli le encarga una iglesia pequeña de planta elíptica con la entrada en el eje menor y una ventana circular pequeña u óculo en el centro.
En 1664 ya era un artista de fama internacional y el ministro de finanzas de Francia Colbert, durante el reinado de Luis XIV, convence al papa que le ceda a su artista y en 1665 parte a Francia para reestructurar el palacio del Louvre.
Fue recibido como un príncipe y a pesar de no gustar su estilo realiza el retrato ecuestre de Luis XIV.
Uno de los últimos trabajos encargados por Alejandro VII fue la escultura de su sepulcro. Monumento meditativo e íntimo que representa a Alejandro VII, arrodillado, humilde, acosado por La muerte, figura que le muestra un reloj de arena. Le recuerda que algún día el tiempo de acabará.
Contiene 4 figuras alegóricas: La Caridad, la Verdad, la Prudencia y la justicia.
A lo largo de su vida realizo numerosos retratos, de papas, reyes y nobles que le reportaron fama y riqueza.
La base de la formación de Bernini fue el estudio de la tradición grecorromana.
Sus restauraciones revelan el gusto por la precisión, por la interpretación del helenismo y el respeto por la integridad de la obra, como en el Hermafrodito.
Así continua su obra bella y variada hasta el día de su muerte en la hora Nona del 28 de noviembre de 1680 a sus 81 años de edad. Se atribuye su longevidad al intenso trabajo y a la satisfacción que le producía su obra. Hasta la fecha no se conoce una artista igual.
Diríamos como epílogo del recorrido don Fernando.
craveloygalindo@gmail.com

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